Terremoto político en Alemania tras la elección de un gobierno regional con apoyo de la ultraderecha: el partido de Merkel pidió nuevas elecciones


La canciller alemana Angela Merkel consideró un “acto imperdonable” la alianza electoral inédita entre su partido y la extrema derecha en Thuringia, que provocó un terremoto político en el país, en declaraciones realizadas este jueves en Sudáfrica. Es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que un presidente regional llega al poder con los votos de un partido vinculado al nazismo.

“Hay que decir que es un acto imperdonable y que por consiguiente el resultado [de estas elecciones] debe ser anulado”, dijo Merkel en Pretoria, un día después de que el presidente regional de Thuringia fuera elegido, tras meses de vacancia, gracias al apoyo de la extrema derecha y del propio partido Unión Demócrata-Cristiana (CDU).

“No es un buen día, no es un buen día para Turingia, ni es un buen día para el sistema político en Alemania”, expresó.

El miércoles Paul Ziemiak, secretario general del CDU, al que pertenece Merkel, había dicho que “lo mejor para Thuringia sería convocar nuevas elecciones”. “Es un día negro para Turingia. El FDP ha jugado con fuego y ha incendiado Turingia y todo nuestro país. No se puede elegir un primer ministro con votos de nazis como Höcke”, dijo Ziemiak, en referencia al líder regional el partido ultraderechista AfD.

Thuringia, un estado alemán del este y ex miembro de la extinta República Democrática, llevó a cabo sus elecciones parlamentarias en octubre de 2019. En aquel momento el partido de izquierda Die Linke fue la fuerza más votada con el 31%, seguido por Alternativa para Alemania (AfD), con el 23,4%, y la CDU con el 21,7%.

Pero la fuerte dispersión impidió que alguna fuerza alcanzara la mayoría necesaria para formar gobierno, y las negociaciones para formar una coalición fueron tan duras que durante tres meses Thuringia estuvo sin gobierno.

La situación acabó finalmente el lunes con una tercera votación entre los parlamentarios para elegir a un ministro-presidente, en la que Thomas Kemmerich, del Partido Democrático Libre (FDP), se impuso ante el candidato de izquierda Bodo Ramelow tras conseguir los votos de la CDU y de AfD.

De esta forma se “rompió un tabú” en la política alemana por el cual ninguna fuerza estaba dispuesta a formar coalición ni cooperar con AfD, una especie de “cordón sanitario” con el que se impedía la llegada de los ultraderechista a una instancia de gobierno.

Con una agenda anti-inmigración, conservadora y ultranacionalista, y aprovechando la crisis que afecta a las grandes fuerzas históricas como el CDU y la Socialdemocracia (SPD), AfD ha estado creciendo en apoyos en los últimos años y en 2017 llegó a ser la tercera fuerza más votada en el país a nivel nacional, con el 12,6%. Además, ha consolidado sus bastiones en los ex estados comunistas, especialmente en Thuringia, Brandeburgo y Sajonia.

En Thuringia, en particular, el AfD es liderado por una de sus figuras más radicales, Björn Höcke, considerado como uno de los principales exponentes de una grupo llamado “El ala” que incluso es observado por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución por considerar que desde allí pueden impulsarse planes en contra del orden constitucional alemán.

Tras la elección de Kemmerich en Thuringia, el co-presidente del AfD Jörg Meuthen celebró que por primera vez se hubiera elegido un primer ministro con los votos de su partido y dijo que sería lógico que la agrupación reclamase participación en el gobierno regional.

Kemmerich sin embargo ha rechazado toda posibilidad de cooperación con AfD y el presidente federal del FDP, Christian Lindner, ha dicho que si no se logra un diálogo con la CDU, el SPD y Los Verdes tendrá que haber nuevas elecciones en Turingia.

Con información de AFP y EFE



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